De qué hablamos
El problema
No es la vejez. Es la dependencia sin sistema.
La mayoría de las personas mayores vive con autonomía. El problema es qué pasa con quienes pierden capacidad funcional y necesitan cuidados durante años — y con quienes las cuidan — en un país que todavía no tiene un sistema para responder.
El problema no es envejecer. La mayoría de las personas mayores en México vive con autonomía, aporta a sus familias y comunidades, y muchas veces es quien cuida a otras. El problema aparece cuando una persona —a cualquier edad, pero con más frecuencia en la vejez avanzada— vive una pérdida significativa de capacidad funcional y necesita el apoyo de otras personas para su vida cotidiana durante meses o años. A esa situación se le llama dependencia funcional; a la respuesta, cuidados de largo plazo.
Hoy, en México, esa respuesta recae casi en su totalidad sobre las familias — y dentro de ellas, sobre las mujeres —: un trabajo que el sistema da por sentado, que rara vez se paga y que pocas veces se nombra. El cuidado de largo plazo es un derecho de quienes lo necesitan y un trabajo que merece reconocimiento. Ambas son deudas pendientes.
¿Qué son los cuidados de largo plazo?
«El sistema de actividades realizadas por cuidadoras y cuidadores informales (familia, amigos o vecinos) o por profesionales (trabajadoras y trabajadores de la salud, sociales y otros) para asegurar que una persona que no es plenamente capaz de su autocuidado pueda mantener el más alto nivel de calidad de vida posible, de acuerdo con sus preferencias individuales, con el mayor grado posible de independencia, autonomía, participación, realización personal y dignidad humana.»
Una precisión necesaria
Vejez y dependencia no son sinónimos. La dependencia funcional afecta a una parte de las personas mayores, es más frecuente en las edades más avanzadas y puede ser temporal o permanente. Hablar de cuidados de largo plazo no es hablar de la vejez como carga: es hablar del derecho de quienes necesitan apoyo a recibirlo con dignidad y sin perder el control sobre su propia vida, y del derecho de quienes cuidan a no hacerlo en soledad.
México en cifras
de personas de 50 años y más tienen algún grado de dependencia funcional — cerca de 2.9 millones de personas
ENASEM, 2021
de las personas con dependencia no reciben ningún tipo de cuidado
ENASEM, 2021
de quienes cuidan son mujeres. 31.7 millones de personas de 15 años y más cuidan sin recibir remuneración
INEGI · ENASIC, 2022
del PIB invierte México en cuidados de largo plazo. Los países de la OCDE con sistemas de cuidados de largo plazo invierten en promedio 1.7%
OCDE · Gutiérrez-Robledo et al., 2022
«En América Latina y el Caribe, existen alrededor de ocho millones de personas mayores que requieren asistencia en la realización de sus actividades básicas de la vida diaria […], cifra que podría triplicarse hacia 2050, alcanzando 27 millones.»
Un derecho sin sistema
La Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores (CIPDHPM) reconoce el cuidado de largo plazo como un derecho humano, no como un servicio (Art. 12, OEA, 2015). México la ratificó en 2023. Ese es el punto de partida.
El modelo familiar que sostuvo el cuidado por décadas se está agotando: hogares más pequeños, más personas que viven solas, migración y mayor participación laboral de las mujeres reducen la disponibilidad de cuidado en casa (INGER, 2025).
Más personas necesitarán apoyo durante más tiempo; menos hogares podrán darlo sin ayuda. La distancia entre ambas realidades crece.
Pero aún no existe legislación nacional que haga efectivo ese derecho ni mecanismos de exigibilidad reales. La ratificación es un piso — no un techo. México sigue siendo uno de los pocos países de la OCDE que no invierte en un sistema de cuidados de largo plazo.
«El envejecimiento demográfico exige ampliar los sistemas de protección social y reforzar los servicios de cuidados de largo plazo, cuya prestación formal es notablemente insuficiente en la región.»— CEPAL, 2024
El vacío no está vacío
Donde no hay sistema no hay nada: esa es la lectura fácil. Pero el vacío institucional no permanece vacío — se llena. Ante la ausencia de oferta pública, las familias que pueden pagar buscan soluciones en el mercado, y ha ido surgiendo una oferta privada impulsada más por la necesidad inmediata que por una planificación estructurada.
Residencias, agencias de cuidado, servicios domiciliarios y plataformas digitales proliferan en las ciudades mexicanas. Pero lo hacen sin brújula ni estándares, en un terreno donde el conocimiento especializado es escaso y la regulación prácticamente inexistente. A ese entramado lo llamamos el mercado gris de los cuidados de largo plazo.
«Un ecosistema disperso y desigual donde los servicios se ofrecen en condiciones muy diversas — desde personas cuidadoras contratadas por recomendación sin capacitación formal, hasta casas particulares que operan como residencias improvisadas o plataformas digitales que intermedian sin supervisión.»— Bárbara Diego, «Los desafíos para crear un mercado de cuidados de largo plazo para personas mayores», IIPPG · UdeG, 2025
Este mercado no es marginal: es estructural. El 86% de las instituciones que ofrecen cuidados a personas mayores en México opera sin registro ni supervisión (INGER, 2025). En los hechos, el mercado gris es el sistema de cuidados de largo plazo del país.
Y está creciendo. Capitales internacionales, fondos privados y personas emprendedoras ven en la longevidad una nueva frontera de negocio. Mientras el mercado avanza con rapidez, la política pública todavía no define las reglas del juego. Sin regulación, el mercado reproduce la desigualdad que debería corregir: servicios de calidad para quienes pueden pagarlos, precariedad para quienes cuidan y para quienes dependen del cuidado (OPS, 2023).
Marco jurídico vinculante
«La persona mayor tiene derecho a un sistema integral de cuidados […] promoviendo que la persona mayor pueda decidir permanecer en su hogar y mantener su independencia y autonomía.»
Art. 12, OEA · 2015
El costo de no tener un sistema
Gutiérrez-Robledo et al. · The Journal of the Economics of Ageing, 2022
Un cambio demográfico, no una amenaza
OPS · OMS, 2021